Revueltas, Brahms, y Dvořák incendian la sala Netzahualcóyotl

 

El pasado concierto de la Orquesta sinfónica de minería, tuvo un particular sabor esa noche, la gala abrió con un compositor paisano, de por si extraño, vituperado, y muchas veces menospreciado, pero no por eso menos trascendental y visible en el mundo de la composición, un autor extraño que produjo material muy interesante a en un periodo de tiempo relativamente corto, el señor Silvestre Revueltas, del cual se interpreto 8 xRadio, particularmente considero a Revueltas un enaltecedor de su apellido, un anarquista musical que extrajo la esencia del folklore mexicano y lo plasmo en un progresismo de cámara; que a momentos, suena tanto como un fandango, otras como un jarabe, otras ya como una marcha rupturista un tanto fúnebre, en fin, un compositor al que hay que tenerle mucha paciencia, y mucho oído, para captar lo que podría tratarse de lo que el mismo, intento llamar: una revolución en la educación cultural de México, todo un personaje al que habría que hacerle un articulo o una investigación mucho más a fondo de lo que aquí, solo se ha señalado de manera harto somera.

En cuanto a Brahms, el gran señor de la música absoluta, fiel seguidor de las formas clásicas, y músico ensimismado en hacer estructuras monumentalmente bellas, como edificios imponentes que desbordan suntuosidad, y superan de forma lujosa la sepulcral faceta de vacío existencial, que puede llegar a sustituirse con el gozo de la música viva, un desborde de emociones, tajante y rigurosamente estructuradas, en donde se puede apreciar, como es que de una idea sumamente lánguida, una sonata, puede salir, después de muchos años de perfeccionamiento, unos de los conciertos para piano más largos en su época, que no es más que la exposición del clásico romántico, y digno representante conservador de la guerra de los románticos.

Antes de hablar de Dvořák , he de citar aquí las palabras de Schopenhauer, del tercer libro de “El mundo como voluntad y representación” para describir a la música:

“Es un arte tan grande y magnífico, actúa tan poderosamente en lo más íntimo del hombre, es ahí tan plena y profundamente comprendida por él, al modo de un lenguaje universal cuya claridad supera incluso la del mundo intuitivo, que con toda seguridad hemos de buscar en ella algo más que un exercitium arithmeticae occultum nescientis se numerare animi

Y es que pareciera que por algún momento de la pieza, con ese vigoroso interprete de piano en el centro del escenario, todo se esfumo, dejo de existir la gente, y la orquesta; solo estaba ahí la música desbordándose por la sala, como una diosa lunar emergiendo del mar, inundando las canaletas de la percepción del recinto con las más bellas encrucijadas estéticas de la vanidad sonora que pícaramente, se atreven a decirle al refrán que Píndaro: “He llegado a ser quien soy”

Por supuesto, quien armó ese programa debió de ser bastante cuidadoso, fue una estructura bastante solida, el hecho de introducir al espectador al gran final con la avasalladora 9 ° sinfonía from de new world del compositor checo Antoni Dvořák , desde una pequeña y minuciosa pieza como la de Revueltas, la magnificencia de concierto número uno para piano de Brahms, solo podía desfogarse dentro de una pieza que suscita las emociones más sublimes dentro del corazón de los hombres.

Los cuatro movimientos de la ultima sinfonía, son en verdad una muestra magnificente de lo que puede llegar a hacer un hombre que detalla con sumo genio los actos que han de acontecer y superarlo en el tiempo, ¿qué se podría decir del último movimiento de esa pieza?

Que es como un guerrero vikingo saliendo de entre un tempano de hielo listo para entrar a la batalla en un claro áureamente iluminado. Es la conmoción total de una obra que sin duda puede poner la emoción a flor de piel.

Carlos Pulido comento:

“El concierto lo disfrute mucho, la presentación de Revueltas interesante pero fue algo muy pequeño como para dar mi opinión, en relación a el concierto de piano de Brahms me gusto, pero con la Sinfonía 9 de Dvorak vibre como nunca sobre todo en la parte final, hacía mucho tiempo que una obra de ese tipo no me hacia vibrar, entendí posteriormente porque le llaman la Sinfonía del Nuevo Mundo, la conclusión de esa obra realmente tiene fuego y te dan ganas de pararte y aplaudir al ritmo de la música”.

Todo en la presentación estuvo bastante bien desde el director huésped: Paolo Bortolameolli , el pianista: Jorge Federico Osorio, y la calidad de atención, por parte de la recepción, y de los acomodadores, fue bastante satisfactorio, lo único que se podría objetar es que con creces, el público no siempre es el adecuado, siempre habrá chusma esnobista a la par de un apreciador del arte, las personas cultas han degenerando tanto hasta convertirse ellas mismas en enemigos de la cultura, es un pseudo solipsismo que no se debe tolerar en las entradas a los teatros, ni a las salas, y que aniquila la difusión del arte, tanto como lo puede hacer una neblina venenosa a los más tiernos retoños de la genialidad artística, el arte es patrimonio de la humanidad, no cualquiera lo pude llegar a amar, pero a todos les gusta, y nadie lo puede representar de la misma manera, mucho menos una sinfonía tan apoteósica como la de Dvořák, o en palabras de Jan Swafford  en su introducción a “Beethoven: Tormento y triunfo” nos dice: “Nadie deleita, ni interpreta una melodía de la misma manera, es diferente como lo hace el público, como lo hace el ejecutante, como lo hace el compositor, como lo hace el director” solamente a través de la cultura autentica; se puede aspirar a una sociedad vitalmente sana, solo el hombre es responsable de buscar la belleza por su propia cuenta, y definirla con su propia razón.

 

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