EL QUELITE, UN PUEBLITO ENCANTADOR ¡Asegúrate también visitar Mazatlán!

 

Cuando decidimos pasar nuestras vacaciones en Mazatlán, llevábamos en mente la belleza de las playas de este sensacional lugar, su cultura, su gente y su deliciosa gastronomía.

Habíamos escuchado que cerca de ahí existen pueblitos encantadores. Sobre todo nos habían platicado mucho acerca de El Quelite. Nos dijeron que no visitarlo era como si no hubiéramos visitado Mazatlán.

Luego de disfrutar los muchos atractivos de Mazatlán, decidimos hacer algo diferente, así que muy de mañana y sin plan previo, la familia se levantó con ganas de salir de la ciudad. Era uno de esos días en que sentimos la necesidad de estar en contacto con la naturaleza, pero también en contacto con gente diferente, que nos hiciera sentir lo bello que es vivir en el campo, respirando aire puro y que nos hiciera palpar la magia, la belleza, las tradiciones y los secretos de esta parte de México.

Así pues, con estas expectativas subimos al coche y manejamos rumbo al norte. Justo antes de salir de la ciudad recordamos que a tan sólo 45 kilómetros se encuentra El Quelite, el pueblito pintoresco que nos recomendaron.

Desde que uno sale de la ciudad, el frondoso paisaje nos envuelve con su tropical belleza compuesta de muchas especies de plantas, árboles y arbustos endémicos que convierten a esta zona del trópico en un lugar único en el mundo. Existen unos altos y frondosos, de bellísimas flores color rosáceo llamados “amapas”; hay otros de flores amarillas también muy llamativas conocidos como “lluvia de oro”.

A poca distancia de llegar a este pueblo encantador, nuestro espíritu entra en una armonía sensacional, ya que franqueando todo el camino se encuentran miles de buganbilias que nos regalan sus vívidos colores y aromas. En ese momento todos nos preguntamos: ¿Qué habrá al final de este hermoso camino?

Remata este sensacional espectáculo una impresionante vista al río, luego empieza la aventura al encontrarnos con un majestuoso arco que nos da una colorida bienvenida a El Quelite.

Al llegar a El Quelite, uno puede observar las casas con sus techos de tejas, sus extensos corredores y pórticos estilo vernáculo mexicano, de antes de la Revolución, pero, sobre todo, percibimos ese estilo de vida campestre que los quelitenses nunca han abandonado, pues se puede ver en sus patios y traspatios el cultivo de flores y plantas de ornato, así como la cría de gallinas, patos, cerdos, ganado vacuno y bobino. Claro, sin faltar sus bestias de carga, burros y caballos que les ayudan en las labores del campo.

Aquí se produce la mayoría de productos lácteos de la región sur del estado, y actualmente provee de productos orgánicos a Mazatlán.

Este pueblo guarda historias que lo hacen aún más atractivo, como la disputa que hacen los pobladores sobre el verdadero lugar de nacimiento del máximo líder revolucionario Pancho Villa; ellos dicen que es de El Quelite, pues siguiendo el rastro de sus padres y familiares se encuentran con que Pancho Villa, antes de convertirse a la causa revolucionaria, arreaba ganado de este pueblo hacia el estado de Durango. Pero este asunto histórico aún está en discusión. También en este poblado se registraron algunos encuentros entre militares y grupos rebeldes en la época de la Revolución Mexicana de 1910, como es el caso de “Los Laureanos” que fueron un grupo que asaltaba las diligencias cargadas con oro y plata pertenecientes a los ricos hacendados, que se trasladaban de las minas de las montañas hacia Mazatlán.

Aquí en El Quelite y sus alrededores, en tiempos prehispánicos, bajaban indígenas de etnias como los xiximes, acaxees y pacaxees, que en ese entonces practicaban el canibalismo. Aunque también practicaban el Ulama, juego de pelota que hasta nuestros días es el deporte tradicional de El Quelite, y hasta la fecha se siguen haciendo torneos. Es éste uno de los deportes más antiguos de Mesoamérica en sus diferentes variantes.

Una de las razones por la que mucha gente local y turistas visitan El Quelite es sin duda su rica gastronomía, que a decir verdad es de las más sanas y sabrosas de la región, y está elaborada en su mayor parte con productos orgánicos frescos del campo que los mismos pobladores producen.

Y para degustar esta cocina campirana, muy sinaloense y tropical, desde hace poco más de 20 años el doctor Marcos Osuna, quelitense distinguido, tuvo fe en dos proyectos. Uno fue el de convertir a su pueblo natal en un centro turístico, y el otro de abrir su restaurante “El Mesón de Los Laureanos”, que involucra a todos los pobladores, pues la mayoría de los productos que se ofrecen son de manufactura local, y además de dar empleo a muchos pobladores, cuidando a la vez el entorno campirano y original del lugar. Pudimos constatar que este restaurante es pionero en el sistema de alimentación local y ecológica, donde se involucran los consumidores, el agricultor y los productores locales.

El Mesón de Los Laureanos sintetiza todas las tradiciones gastronómicas de El Quelite y de todo el estado. El restaurante se ubica en una casona antigua, como las que abundan en este colorido pueblo, y su interior está decorado con motivos campestres y tradicionales. Cuenta con una galería fotográfica de personajes de la Revolución Mexicana, un árbol genealógico de las familias de El Quelite, artesanías prehispánicas, así como implementos agrícolas de otras épocas.

El Quelite o Rancho El Quelital, nombrado así en 1564 por su fundador el Capitán Francisco de Ibarra, quien llegó al poblado de El Amole de El Quelite, también le da el nombre al río que corre a la orilla del poblado. Al principio sólo era habitado por algunos indígenas totorames que dejaron mucha de su alfarería y trabajos de arte enterrados en estas tierras.

Tan importante es El Quelite en la historia de esta región, que el cantautor Miguel Sabido le compuso una canción, aunque cuentan las leyendas habladas que la melodía de El Quelite es un himno del estado de Guerrero. Lo cierto es que esta melodía ha sido cantada por muchos interpretes de la música tradicional mexicana y aún sigue cantándose como si fuera un himno de estas tierras sinaloenses.

Y es así como este viaje, aunque corto, nos sirve para conocer la riqueza de nuestra cultura rural que en nuestros días es una de las mejores alternativas turísticas, dejándonos muy gratas y diferentes experiencias.

Ya por la tarde, nuestro regreso a Mazatlán fue triste por dejar un pueblo tan bonito y colorido como es El Quelite, pero a la vez alegre por haber disfrutado y aprendido tanto acerca de la leyenda viviente de este pueblo, que es el doctor Marcos Osuna; todo un personaje, no sólo benefactor del poblado sino también gran promotor del turismo rural. Con estos sentimientos encontrados, durante el trayecto no dejamos de cantar:

“Qué bonito es El Quelite,
Bien haya quien lo formó,
Que por sus orillas tiene,
De quien acordarme yo…

Con muchas ganas de regresar,
Familia Colin Rojo

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