Obrador y la voluntad del poder

México, te escucho roncar muy fuerte, ¿es a caso que quieres despertar?

Pícaro gigante que muestras interés de volverte felino. Y es que acaso, este pueblo se canso de ser animal de carga, sí,  el mexicano es bravo, y cuando se trata de defender su soberanía,  lo es aún más, cuando se siente ultrajado, cuando sabe que el cambio es inminente. El mexicano que ya no es animal de carga, es sin duda el espíritu de un felino, que busca, subyuga, domina, destruye, y crea. Es un ligero caminar, y un peligroso andar, un transitar del discurso a la acción. Un discurso que alumbra la hermandad, la seguridad, la negociación, la vida: el poder.

México, gigante torpe; estás despierto, ya no duermas, no duermas nunca más, muere de insomnio pero no agaches la cabeza

Grande eres AMLO por favor, no te caigas de ese pedestal. Usa tu altura para volar como un águila y no como un buitre, por favor este pueblo te ha entregado lo más sagrado entre las cosas sagradas de un pueblo; su confianza, al más supremo. Al que tiene que mandar, a ese le toca dar pesadas órdenes, pero más pesa la orden al que la da que al que la recibe por seis años.

Doce años de campaña electoral: se leen en menos de diez segundos, pero son una larga y ardua tarea que al soberano competente le pesa, y lo hace ligero en la contienda al mismo tiempo “Primero hazte invencible y luego ve a la batalla” recita un viejo proverbio del arte de la guerra, que sin duda: fue una táctica que Obrador  desplego con maestría, y en la forma más sublime: sin violencia. Tanto tiempo luchando, viajando para conocer este país, a su gente, sus costumbres, su eclética cultura, y sus necesidades, doce años de ganarse el amor de los mexicanos, en los que se han tenido que soportar calumnias, sollozos, y violentas arremetidas de los ya muertos medios de comunicación tradicionales, ha sido una Odisea larga pero segura, que ha traspasado, y enraizado en el corazón de millones de mexicanos, que a través de su labor social, fueron enlistándose en las filas de morena.

Obrador: el divino loco, grandes ideas han surgido de las mentes más singulares, y han sido duramente rechazadas, tal como lo señala Schopenhauer: “La verdad pasa por tres fases, primero es ridiculizada, luego es atacada violentamente, y al final aceptada como algo autoevidente”, las más grandes cosas de la humanidad, no encontraron, al menos en su tiempo, un lugar popular entre la gente, los grandes cambios; son como incendios que inician con una pequeña flama, que terminan por arrasar con todo. México es una de esas raras joyas de la humanidad que aun sigue sin encontrarse a sí mismo, sin encender su llama. Y doce años tuvieron que pasar para que la gente confiara en una izquierda de manera masiva.

Hoy la democracia sin duda se ha comportado como una jovenzuela picara y seductora delante de la soberanía mexicana — ¿Me amas?, pregunta la muy descarada—, pero por dos elecciones no había tenido tiempo para nosotros, no se había acercado a nosotros ninguna musa para inspirarnos a crear por encima de nosotros, de ejercer nuestra decisión, nuestro poderío, a fuerza de que escucháramos, se tuvieron que romper nuestros tímpanos con imágenes sangrientas, tragedias, desapariciones, violencia, y desfachatez financiera de los mermados cerebros de obtusos mandatarios. Ha tenido que cargar el camello lo más pesado y doloroso para convertirse en la soledad del desierto al fin en un león.

Y tal como lo señala la brillante encargada de la compaña de AMLO, Tatiana Clauthier “la sangre no se ha derramado en vano”, México tiene sed cosas grandes, pero las cosas grandes vienen con fuertes estruendos, con un largo caminar, como un caballo salvaje que galopa en la asilvestrada libertad que emana de el mismo, bello pero salvaje al tiempo que seguro. México merece un mejor mandatario, alguien de voluntad inquebrantable. El que persevera alcanza, el que no claudica obtiene el poder o se destruye por él.

Pero por ahora hay que celebrar algo que es más grande, el triunfo de la democracia, la toma del poder por parte del pueblo, y la muerte del viejo PRI como potencia política de México.

Tanto campo de batalla, tanta muerte, tanto caos, tenían que dar a luz a un líder resplandeciente, quizás un Tlatoani, ¿acaso será su sangre la sangre con la que pagaron los aztecas la rendición ante el español, o será a caso la sangre de una serpiente, la más astuta de todos los animales, o será a caso será la sangre de un águila, la más valiente de todos los animales?  ¿Quién es ese extraño viejo que se corona hoy sobre el tunal sagrado del mundo? , hoy regresa el hijo prodigo a su casa, hoy regresa el arjé del fuego, la llama en el río, el viento fuerte que tuvo que esperar doce años para abrazar con su incendio a todo un país, y a su necesitada gente de un respiro nuevo, un respiro de alturas, de tierra profunda, de dulces frutos ¿Quien es capaz de soportar doce años los dulces frutos del fracaso para convertirse al fin en el soberano?

No es otro que el mismo al que se le robaron las elecciones en dos ocasiones, a quien la derrota afianzo su lugar dentro de la conciencia del país,  a quien con toda la calma magnificente del mundo se ha declarado presidente electo, donde su razón habla, calla pues el salvajismo de los contendientes, el pueblo  no se organiza solo, debe surgir un líder.

México ha matado a su vieja política, es tiempo de cambio, es tiempo de despedirse de los inútiles ¿Pero que es la voluntad del poder, y que tiene que ver Obrador con ella?

Es sencillo, toda vida, y el hombre incluida, es poder mismo, voluntad del poder, que dicta las leyes, que anhela la superación siempre, en entes mucho mejores y más resistentes, que sean propensos a la superioridad, México hoy comprobó que tiene mucho poder, que lo ejerce cuando ya está harto de lo mismo, pero que necesitaba un catalizador, como el hoy presidente electo. Desde mi humilde palabra de pensador, le sugiero al señor presidente morenista; mantenga a raya a la chusma que solo le chupa las arterias a las arcas de la nación, que sea fiel a sus principios, que enaltezca el nombre de México, cosa que sus antecesores no hicieron ni siquiera mal, porque no lo hicieron en absoluto, que tome la responsabilidad de sus actos y promesas.

Sin embargo, hay otra parte que debe de ocuparse: uno quiere escribir un artículo despampanante acerca del nuevo presidente y el cambio en las voluntades particulares, bajo la imposición de una voluntad del poder objetivada de manera diferente dentro de un nuevo sendero. Pero no, siempre tiene que existir la apatía de los mexicanos mugrosos, esos que no votaron, esos que siguen hablando pestes los unos de los otros, esos que siguen tirando y contaminado la calle con su moral baja, esos agachados que no conformes con ser un cáncer, se vuelven en palabras ampulosas y miradas ninguneadoras, saben que no pueden cambiar la decisión de la mayoría, se sienten pequeños, quisiera yo abrirle los ojos a fuerza de abrírselos bien, para que se den cuenta que somos del mismo país, y que nos guste o no, el barco se hunde o se salva con todos adentro. Y eso es solo la superficie de la sociedad mexicana.

Si, Obrador gano la elección, pero hay mucho que cambiar, más bien superar, dentro de este país, un país mágico, extraño, bello, y en ocasiones mortal. No queda más gratificar a los aniquiladores del viejo y moribundo PRI.

Felicidades al presidente Andrés Manuel, y todos los dirigentes de morena, de los cuales, lastimosamente, tenemos muy altas expectativas.

 

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